La rebelión de los cuerdos: el país real contra el tribunal del dogma
Por Manuel Mauriño*
Existe una patología contemporánea – alimentada al calor de las redes sociales – que insiste en someter la realidad a un filtro binario y asfixiante. Una lógica según la cual nada puede ser plenamente disfrutado, ni ninguna decisión puede ser tomada, si no cuenta antes con el sello de aprobación del tribunal ideológico de turno. Dos postales recientes, provenientes de universos en apariencia disímiles – la cultura popular y el federalismo institucional –, se han unido para propinarle un saludable golpe de realismo a esa intransigencia.
Por un lado, Alejandro Dolina, creador de la mítica “Crónica de un Ángel Gris”, apeló a su indiscutible autoridad intelectual para clausurar lo que bien podría denominarse la aduana partidaria de la cultura. Al advertir que su identidad política no lo obliga a privarse del genio de Jorge Luis Borges o de la magia de Lionel Messi, el escritor rescató algo que el fanatismo suele olvidar: el derecho al goce y a la admiración sin exigencias de afiliación. El intento de encasillar a la Selección Argentina bajo etiquetas ideológicas, simplemente por su saludable distancia del poder de turno, desnudó la frustración de quienes ya no toleran los mitos colectivos que escapan a su control. Messi se convirtió en un héroe de todos, precisamente, porque se mantuvo ajeno a las etiquetas.
Casi en perfecta sintonía, pero desde el complejo escenario de la gestión pública, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, tradujo esa misma resistencia al dogma en una máxima de supervivencia federal. Representante de una nueva camada de mandatarios provinciales – y perteneciente a un espacio político distinto al del signo nacional -, Torres sostuvo que la verdadera coherencia de un gobernador no pasa por el aplauso sistemático ni por la oposición ciega a la Casa Rosada, sino por la defensa irrestricta de los intereses de su territorio. Frente a las lecturas lineales que asocian cualquier diálogo institucional con una sumisión política, Torres calificó como “muy binaria” la interpretación de que quienes asistían al acto [por referencia a lo ocurrido recientemente en la provincia de Tucumán] “ya están pintados de violeta”.
Es allí donde el fútbol y la política real encuentran su punto de contacto. Así como el hincha abraza a la Selección sin pedirle militancia, el ciudadano común hoy exige soluciones concretas antes que batallas ideológicas abstractas.
Tanto la lucidez de Dolina como el pragmatismo de Torres confluyen en un mismo diagnóstico: el país real está cansado de los marcos teóricos rígidos que solo sirven para generar divisiones artificiales. En tiempos donde la polarización intenta convertir todo en una trinchera, la sensatez emerge como el verdadero acto de rebeldía. Al final del día, la coherencia no se encuentra en la obediencia ciega, sino en la capacidad de reconocer la excelencia y gobernar con los ojos bien abiertos. En la Argentina – y en la provincia – que viene, la verdadera transgresión ya no es gritar consignas desde un pedestal ideológico; la verdadera revolución es, simplemente, recuperar el sentido común.
*Abogado. Concejal (MC)
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