La inflación podría llegar al 60% anual de mantenerse la evolución de la inflación a un ritmo promedio del 4% mensual, según el último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

La medición del Indec se conocerá recién el jueves 13 de mayo, pero el consenso del mercado estimó que la inflación de abril cerró cerca del 4% y que acumula así más de 17 puntos porcentuales en el primer cuatrimestre del año, volviendo incumplible la meta oficial del 29% incluida en el Presupuesto 2021 elaborado por el ministerio de Economía que encabeza Martín Guzmán, según publica Urgente24.com.

En efecto, muchos economistas consideran que la inflación amainará en los próximos meses, pero no descenderá tan rápido como para satisfacer las metas oficiales.

El último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, por caso, afirma en su último informe que la inflación podría llegar al 60% anual de mantenerse la evolución de la inflación a este ritmo promedio del 4% mensual.

A juicio de Víctor Beker, director del CENE, para bajar la inflación al nivel del 29%, se necesita optar por un drástico viraje en la política económica, ya que existe una inercia inflacionaria que debe ser doblegada atacando todas sus causas. De lo contrario, la inflación presente retroalimenta la inflación futura.

“En primer lugar, hace falta voluntad política para hacerlo. En el contexto actual de fragmentación en la toma de decisiones, ésa es la primera y mayor dificultad. Suponiendo que ella fuera superada, se requiere, desde el punto de vista técnico, un plan integral de ataque coordinado a la inflación. Ello implica que el conjunto de las medidas monetarias, fiscales y cambiarias, así como la política de ingresos, esté subordinado al logro de la meta de inflación. Y que el plan sea creíble y creído por la población”, asegura el economista.

En este contexto, observa que, “resulta alarmante que haya quienes pretendan resucitar fórmulas ya rotundamente fracasadas en el pasado. Por ejemplo, reducir el problema de la inflación al aumento en el precio de la carne y proponer un índice de precios ‘descarnado’, como el que implementara el ex ministro Martínez de Hoz en 1979 y que fue rápidamente abandonado al advertirse que no introducía una diferencia demasiado significativa”.

“También es preocupante la nostalgia que manifiestan algunos sectores por regresar a la manipulación de las cifras del INDEC, como ocurriera entre 2007 y 2015. Ello sólo redundó en el desprestigio de las estadísticas oficiales mientras los precios seguían su derrotero inflacionario, pasando del 9,8% en 2006 al 25% en 2015. Es que los índices se pueden dibujar pero no los precios en las góndolas. En lugar de romper el termómetro, sería mejor combatir las causas de la fiebre”, completa Beker.