La crisis económica y el fuerte malestar social provocaron que el primer mandatario provincial perdiera contacto con la gente, con los pueblos. No se lo vio en ninguno de los festejos populares realizados en las localidades durante el verano. La agenda de Arcioni se divide entre Fontana 50 y Buenos Aires

La crisis económica y el malestar social por el desdoblamiento en los sueldos y los incumplimientos de los aumentos otorgados el año pasado, han derivado en una especie de aislamiento del gobernador, Mariano Arcioni. Lejos quedó en contacto cara a cara con la gente; las recorridas incansables,  algo que caracterizó las dos campañas electorales que hizo: para legislador nacional y para gobernador. 

El primer mandatario ha pasado los últimos meses encerrado en Fontana 50 y con una intensa agenda fuera de la Provincia, precisamente en Buenos Aires, donde tanto él como sus funcionarios intentan gestionar fondos. Fotos con Ministros y con el mismo presidente, Alberto Fernández,  abundan en las gacetillas oficiales. Pero lo cierto es que Arcioni ha perdido contacto con la gente, con los pueblos de la Provincia. 

Durante el verano se celebran en muchas localidades chubutenses, las denominadas fiestas populares, esos eventos que llevan el sello distintivo de cada pueblo, donde el Intendente y las autoridades provinciales comparten directamente con el vecino. Al gobernador, Mariano Arcioni, no se lo vio en ninguna. En su lugar viajan funcionarios del Gabinete y muchas veces de las segundas líneas. 

Más allá del contacto con la gente, el Gobernador viene perdiendo además aliados políticos. La crisis dentro de la alianza oficialista resintió la relación con Ricardo Sastre y Adrián Maderna. En consecuencia el bloque en la Legislatura también quedó fisurado. Y si bien todavía cuenta con el apoyo de un grupo de Jefes Comunales de la Meseta y la Cordillera, ellos también reclaman mayor diálogo.  

Una de las críticas que más se escuchan hacia el Gobernador por parte de la dirigencia de su propio espacio,  es el hecho de haberse rodeado de un grupo de asesores y no permitir intervenciones desde afuera. Las decisiones se cocinan en esa mesa de pocos que asesora a Mariano Arcioni y la mayoría de las veces no se consensúan, con los aliados, con aquellos que en definitiva servirían de sostén para llevarlas a la práctica. El mejor ejemplo es sin dudas el paquete de leyes que en enero el Ejecutivo envío a la Legislatura para que sea aprobado en el marco de la Reforma del Estado. “La Ley de Ajuste”, como la llaman varios oficialistas, no fue puesta a consideración a los diputados y todo terminó en ruinas. 

En este segundo intento, Arcioni, convocó a los Legisladores oficialistas para dialogar sobre el paquete de leyes aunque dejó afuera al vicegobernador, Ricardo Sastre. Tampoco convocó a otros los socios políticos de la alianza, algo que reclamaron los legisladores en el encuentro. Varios “propios” consideran que el Gobernador se ha encerrado y que mantener diálogo con él es casi imposible. Sostienen que en esta línea, los próximos cuatros años serán muy complicados. 

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