Entre los dirigentes que, encabezados por el presidente Rodolfo D’Onofrio, regresaron ayer de Lima y los hinchas que le dieron a la delegación una cálida bienvenida en las puertas del Monumental, por estas horas repiquetean las mismas preguntas inquietantes: ¿Qué será de River tras la final increíblemente perdida el sábado ante Flamengo? ¿Tendrá energías Marcelo Gallardo para seguir siendo el director técnico o cerrará su ciclo antes del 31 de diciembre? ¿Qué jugadores se irán y quiénes llegarán para renovar el plantel tras el ajetreo de las últimas dos temporadas?

El escenario anticipa algunos cambios importantes. Todo pasa por las conclusiones que saque Gallardo y su equipo de trabajo, y de las proyecciones que hagan a futuro. También, de los mensajes que el entrenador reciba de D’Onofrio respecto de las altas y bajas de jugadores que necesariamente deberá haber, para bajar y controlar un pasivo que trepa a los 65 millones de dólares, según el último balance aprobado.

A diferencia de hace un año, cuando tras la final ganada a Boca en Madrid sólo se desprendió de Gonzalo Martínez, River debería colocar por lo menos dos o tres futbolistas en el mercado internacional para empezar a acomodar el rojo de su balance: Exequiel Palacios, Lucas Martínez Quarta y el colombiano Rafael Santos Borré hoy por hoy asoman como los candidatos a ser transferidos en el próximo mercado de pases. Pero también podrían marcharse Juan Fernando Quintero y Franco Armani, cuyos representantes ya trabajan para ubicarlos en Europa durante el próximo mercado de invierno. Quintero y el arquero tienen contratos firmados en dólares sin topes de cotización y eso se asemeja a una bomba de tiempo para los números complicados de la economía riverplatense que es preciso desactivar.

Además, hay varios jugadores de edad avanzada que tal vez no puedan sostenerse mucho tiempo más en un plantel sometido a intenso desgaste. Del equipo que arrancó jugando el sábado ante Flamengo, cinco de ellos superan los 30 años: Armani (33), Pinola (36), Casco (31), Enzo Pérez (33) y Matías Suárez (31), a los que deben sumarse el arquero suplente Bologna (37), Ponzio (37) y Pratto (31). 

Con todo este panorama puesto sobre la mesa, D’Onofrio tendría que asegurarle a Gallardo tantas compras como ventas se hagan para mantener la competitividad de un equipo que volverá en 2020 a la Copa Libertadores (si el miércoles 4 de diciembre le gana a Central Córdoba la final de la Copa Argentina irá a la fase de grupos) y que, en el primer trimestre, tratará de conseguir la Superliga. River jugará su último partido del año el domingo 8 de diciembre ante San Lorenzo en el Monumental. Recién después, el director técnico y el presidente se sentarán y evaluarán el futuro.

Pero hay una variable que nadie sabe más que el propio entrenador: sus ganas de volver a encarar otra campaña desgastante. La motivación es grande, tanto como la necesidad de un desquite: la quinta Copa Libertadores se le escurrió a Gallardo cuando ya la rozaba con la punta de los dedos. Tal vez quiera jugar la cuarta final en cinco años y volver a ganarla. O piense que ya no hay más nada y que es hora de intentar otras aventuras.