Hay jornadas en el que los sectores progresistas salen a las calles y festejan, y hay días en el que los sectores conservadores vestidos con trajes de elegante sport brindan en salones sus triunfos.

Las realidades que Sudamérica vivió este “Octubre caliente” como así lo definió el Lic. Matías Caciabue, se extendieron hasta noviembre y aun no vemos el horizonte debido a los escenarios en disputa que se dan en cada país de la región.

Venezuela, con un Juan Guaido que solo milita por la red social Twitter y no logra conseguir acuerdos con sectores antichavistas para imponerse en el gobierno; por su parte Nicolas Maduro y toda la sociedad venezolana se ve afectada económicamente por el bloqueo y las constantes sanciones que le impone los EEUU.

Colombia, que el 27 de octubre el gobierno del presidente uribista Iván Duque perdió las elecciones municipales en gran parte del territorio colombiano pero que a la vez con su policía paramilitar continua con la represión y asesinatos de líderes sociales e indígenas en las regiones de Tolima y Nariño.

Ecuador, que luego de las movilizaciones que pusieron en jaque al gobierno de Lenin Moreno el país vive una incertidumbre política ya que no se ha avanzado en la propuesta económica y social presentada por los movimientos indígenas que amenazan con volver a salir a las calles; y por otro lado la Corte Nacional de Justicia confirmo la orden de arresto contra el expresidente Rafael Correa.

Perú, que se ve afectado por los hechos de corrupción y a principios de octubre vivió una crisis mas de tipo institucional ya que el presidente Vizcarra enfrentado con el Tribunal constitucional que estaba siendo conducido por la oposición, decidió disolver el congreso y llamo a elecciones parlamentarias golpeando duramente al fujimorismo que tenía mayoría en el parlamento.

Chile, donde la juventud sigue saliendo a las calles y sigue la dura represión por parte del gobierno de Sebastián Piñera que cada día sigue recibiendo la presión para reformar una constitución que fue implementada bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

Brasil, que el sábado festejo la liberación de Lula donde el dirigente del Partido do Trabalhadores apunta a reforzar una nueva dirigencia política que haga frente al gobierno de Jair Bolsonaro que de a poco muestra el incremento de los índices de pobreza.

Uruguay, que este mes enfrenta un ballotage donde el Frente Amplio con todos los indicadores y encuestas en contra busca una reelección y los medios de comunicación levantan al candidato del Partido Blanco Lacalle Poe.

Argentina, con la reciente victoria de los Fernández trataran de levantar un país donde el problema de la deuda con el FMI y la recesión económica son las principales prioridades, y Mauricio Macri que además de garantizar una transición se muestra mas como el futuro líder de la oposición que como el presidente en funciones hasta el 10 de diciembre.

Paraguay quedaría como el país fuera de disputa interna. Por ultimo el Grupo de Puebla que se reunió en Buenos Aires con distintos expresidentes y dirigentes políticos que trataran de encaminar una integración regional; y el Grupo de Lima que el pasado viernes se reunió en Brasilia donde asistieron la gran mayoría de los cancilleres sudamericanos para condenar el gobierno de Maduro en Venezuela.

Bolivia.

La actual constitución del país hermano no le permitía al presidente Evo Morales ser reelecto, para ello se convocó a un referéndum constitucional que le garantice la reelección, los resultados (51,3% en contra y 48,7% a favor) fueron un revés para Morales, que mediante un fallo judicial pudo acceder a la contienda electoral del pasado 20 de octubre. Previo a las elecciones, independientemente de los resultados que se dieran, el candidato opositor Carlos Mesa (ex presidente de Bolivia) llamo a desconocer los resultados electorales generando un clima caliente de conflictos en la sociedad boliviana. Hay que destacar que los departamentos de Pando, Beni, Tarija y Santa Cruz tuvieron una fuerte participación opositora. En las elecciones, el partido MAS se impuso por una diferencia mayor al 10% (47.08% – 36.5%) lo que de acuerdo a la constitución, le permitía a la formula Morales-Garcia Linera ganar en primera vuelta; esto se desconoció por la oposición que declaro el fraude electoral y la movilización en las calles para destituir al presidente boliviano, a esto se sumó una persecución a líderes oficialistas que  mediante escraches, tomas de medios de comunicación, linchamientos e incendios a propiedades públicas (y las casas de los mismos dirigentes), a lo que el gobierno contesto con represiones. La gota que rebalso el vaso fue el acuartelamiento de policías, el no accionar del ejercito y el informe de la OEA donde denuncio irregularidades electorales, a lo que la presidencia de Bolivia en la mañana del domingo lo hizo vinculante por lo que llamo nuevamente a elecciones. Aun así, la fuerte presión se hizo insostenible y el aliento a la desestabilización por parte del empresario Luis Camacho hizo ceder a Morales provocando su renuncia mediante una sugerencia del alto mando del ejercito y de esta forma mediante una estrategia de desgaste se dio por consumado el golpe de estado.

El interrogante que traigo a colación es el siguiente: Si los gobiernos neoliberales a la larga terminan generando la insurrección de las clases populares provocando su dimisión en el gobierno y a la vez los gobiernos populistas o progresistas terminan provocando escenarios desestabilizadores o golpes de estado ¿Qué tipo de gobierno le hace falta a Nuestra América para terminar con este fantasma desestabilizador?

Sudamérica, un rio con una corriente revuelta donde en algunos sectores del rio, los sectores neoconservadores son excelentes pescadores y en otros sectores no les va muy bien.

Por Carlos Flores Mariscal