Existe un amplio consenso entre consultores y analistas políticos sobre algunos aspectos elementales del escenario electoral que vivirá Argentina en 2019. Uno de ellos, quizás el principal, es que para elegir al próximo presidente serán necesarias tres instancias: las PASO, la primera vuelta y el ballotage.

Una pregunta recurrente entre ciertos círculos críticos al Gobierno nacional refiere a cómo es posible que luego de 3 años de gestión en los que cuesta encontrar grandes logros y la situación económica de la mayoría de la ciudadanía se observa notablemente castigada (la inflación en 2018 alcanzó el 47,6% y se convirtió en el registro más alto desde 1991), Macri mantenga aspiraciones (¡y chances!) de gobernar el país los próximos 4 años. Pues bien, la política es un arte y una ciencia que pertenece al mundo de lo social y, como tal, no se nutre solamente de datos duros para explicar ciertos fenómenos. Creemos que existen por lo menos cuatro factores que pueden ayudar a responder esta incógnita.

–Cambiemos sabe ganar elecciones

Desde 2005, cuando ganaron la elección de medio término en la Ciudad de Buenos Aires, el partido de Mauricio Macri (en todas sus denominaciones: Propuesta Republicana, PRO, Cambiemos) logró imponerse en cada elección. Más allá de la estadística, lo cierto es que uno de sus principales atributos es interpretar el “humor social” del electorado e interpelarlo adecuadamente en el marco de una campaña electoral. Con la ventaja de ser gobierno y controlar ciertos resortes que brinda esa condición (iniciativa para imponer la agenda, las políticas públicas, el gasto, la comunicación oficial, etcétera), Cambiemos intentará que la campaña transite dos caminos. Uno, el tema de la inseguridad y sus aspectos anexos, relacionados con la mano dura y la xenofobia, “soltarle la correa” a las fuerzas de seguridad (la denominada “doctrina Bullrich”), bajar la edad de imputabilidad, y perseguir y deportar a los extranjeros que delinquen, aunque la estadística demuestre que no representa un grupo significativo. El segundo camino es el de la corrupción y su vínculo con el pasado reciente: mostrarse como el garante de un Poder Judicial independiente, que aplica la ley, teniendo en la causa de los cuadernos su expresión paradigmática.

–El peso de la provincia de Buenos Aires

El distrito más grande del país, casi el 38% del padrón nacional e histórico bastión del peronismo hasta 2015, es como suele decirse “la madre de todas las batallas” en materia electoral. Hoy por hoy, y a pesar de haber sufrido un importante deterioro en su popularidad en los últimos meses, su gobernadora María Eugenia Vidal es la dirigente con mayor imagen positiva e intención de voto. La percepción de los bonaerenses de que su figura tiene un costado “más humano” que el Presidente, la administración de una política social que consiste en inyectar recursos en los sectores de menor poder adquisitivo y negociar con las organizaciones de base, sumado a 28 años ininterrumpidos de gobiernos peronistas (1987-2015) que dejaron el tendal de una provincia empobrecida, son elementos que la catapultan como la precandidata con mayor ventaja frente al resto. Como finalmente las elecciones en “La Provincia” serán simultáneas a las nacionales, entonces Vidal mejoraría las chances de Macri.

-La dispersión opositora

Cambiemos gobernó durante 3 años sin grandes conflictos institucionales, aun sin gozar de la mayoría en Diputados ni en Senadores. Y pudo hacerlo porque cooptó a un sector de la oposición que fue funcional a sus intereses, acompañándolo en las votaciones y allanándole el camino en temas de gran importancia (recordar que la reforma previsional se aprobó en ambas Cámaras). Ese terreno institucional se trasladó al electoral, y en los comicios de medio término, en muchos distritos y fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires, el peronismo fue dividido en tres fuerzas (Cristina Kirchner por Unidad Ciudadana, Sergio Massa por 1País y Florencio Randazzo por Cumplir), lo que propició el triunfo de Esteban Bullrich.

Teniendo en cuenta que la aprobación de gestión del gobierno nacional no supera el 35-40% según indican casi todos los sondeos serios, las posibilidades de un triunfo del oficialismo están atadas al grado de unidad que construya la oposición. A mayor nivel de unidad, mayores son las chances de la oposición y, viceversa, a mayor nivel de atomización, aumentan las chances del oficialismo.

-El antiperonismo-antikirchnerismo

Existe un segmento muy importante de la población que considera que la raíz de todos los problemas se sitúa en el peronismo, como movimiento político pero también como sujeto social, en tanto percibe que impide el desarrollo “normal” de nuestro país, por sus modos de construcción y ejercicio del poder, y por una cultura supuestamente ligada a prácticas prebendarias y alejadas del esfuerzo del propio individuo como motor del progreso. A este sector que ocupa un lugar significativo en la historia argentina desde 1945 se le suma ahora otro (que excede al tradicional antiperonismo), caracterizado por una visceral antipatía hacia el kirchnerismo. Muchos ciudadanos que siempre se posicionaron por fuera de la dicotomía peronismo-antiperonismo hoy se expresan antikirchneristas. Actualmente, la base electoral de sustento que presenta el macrismo, su núcleo duro, está conformado por estos sectores. Es principalmente por este perfil antagónico hacia el peronismo-kirchnerismo, que es sin dudas ideológico, que Macri hoy posee un apoyo que llega al 35 por ciento. Es decir que este considerable conjunto de la población apoyará al Gobierno de Macri a pesar de lo que haga en materia económico-social (sobre todo si, como todo parece indicar, la elección se definiera en una segunda vuelta), al tiempo que prefiere y decide confiar en las promesas de un futuro que nunca llega.

En definitiva, una adecuada combinación de estos cuatro factores le permiten a Cambiemos ilusionarse con una victoria en las elecciones presidenciales de este año. Por supuesto que una oportuna reactivación económica le agregaría a la ecuación un término sumamente importante, pero según indican las proyecciones de diferentes profesionales, el 2019 mantendría el signo negativo en este sentido. Por lo tanto, la oposición deberá neutralizar eficazmente estos aspectos que hemos enunciado si quiere derrotar al macrismo y modificar el rumbo del país a partir de 2020.