Cursó el secundario en la Politécnica de Esquel. A fines de los 90 decidió mudarse a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para estudiar Ingeniería Mecánica. Con el título de grado en mano ingresó en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), donde de inmediato comenzó a trabajar en un ambicioso proyecto: la construcción de una antena radar para un satélite.  

El domingo 7 de octubre no fue un día más para Martín Griffiths. Tampoco para la comunidad científica del país. Desde California (Estados Unidos) se hacía el esperado lanzamiento del Satélite Argentino de Observación con Microondas (SAOCOM) 1A,fabricado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales junto a la CNEA, INVAP y VENG, entre otras instituciones y empresas.

Cuando Griffiths partió de Esquel allá por el 98 para inscribirse en la carrera de Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) no imaginaba ni remotamente que veinte años después estaría viendo -por televisión- como un satélite en el que tuvo participación activa volaba a toda furia desde tierras norteamericanas en dirección al espacio. Un lagrimón se le habrá caído esa noche.

El denominado SAOCOM 1A es un producto genuino de la ciencia argentina, fruto del esfuerzo de decenas de profesionales que durante casi dos décadas trabajaron en colaboración para lograr el lanzamiento y puesta en órbita. Metido en el logro está Griffiths, joven oriundo de la ciudad. Su familia hoy desborda de orgullo.

En diálogo con diario La Portada, este ingeniero mecánico de 38 años contó que el satélite en cuestión tiene como objetivo medir la humedad del suelo y suministrar información de la superficie terrestre en cualquier condición meteorológica. Permitirá, entre otras cosas, prevenir y monitorear catástrofes naturales como así también posibilitar  aplicaciones en el campo de la agricultura.

Griffiths integra el equipo de tribología y recubrimiento, encargado  de fabricar la antena radar. Otro grupo de la CNEA realizó los paneles solares.

“Los trabajos incluyeron por ejemplo el desarrollo de la estructura, mecanismos de despliegue y módulos radiantes de este instrumento activo que trabaja en el rango de las microondas”, explicaron desde la Comisión.

“Lo que hacemos es medir coeficientes de fricción, determinar qué tratamientos superficiales tendrían ciertas piezas que serían pegadas, estarían en movimiento o rozando para que el área de diseño tenga datos. Nos ocupamos de la terminación superficial de todas las partes que están atornilladas y pegadas en la antena”, añadió.

Precisó que del satélite se desprenden múltiples utilidades aunque la principal es “hacer el mapa de humedad de los suelos”.

La información procesada tendrá varios destinos. Por ejemplo, “en la industria agropecuaria puede usarse para controlar las plantaciones y saber qué conviene sembrar según los índices de humedad”, detalló.

Agregó que es insumo para el estudio de las propiedades físicas, químicas y mecánicas del agua tanto continental como marítima (hidrología).

“También para supervisar los movimientos y avances de los glaciares, control de incendios, medir el grado de sequía, identificar cuál terreno está en riesgo y seguimiento de los derrames de crudo”, amplió.

El SAOCOM 1A, diseñado conjuntamente con Italia, nutrirá con sus emisiones a diferentes proyectos de instituciones tales como el INTA y el Instituto del Agua, entre otras.

“Las organizaciones vinculadas al mundo de la investigación presentan propuestas para recibir los datos”, explicó en la entrevista.

Uno de los objetivos centrales “es la gestión de emergencias, prevención de inundaciones y ese tipo de cosas”, recalcó Griffiths, indicando que el seguimiento se lleva adelante desde una base montada en la Provincia de Córdoba.

Ponderó, asimismo, las cualidades del satélite y aseveró que por sus características es único a nivel mundial.

Consta de una plataforma y la antena, el instrumento principal. La misma posee una masa de 1.350 kilogramos, una superficie radiante de 35 metros cuadrados (3 metros de altura y 10 metros de longitud) y siete paneles solares. Estos elementos son los que tuvo a cargo la CNEA, durante varios años. Está ideado para examinar la tierra hasta una profundidad de dos metros.

Según explica la CONAE, “la misión SAOCOM tiene como objetivos principales: Obtener mapas de humedad del suelo de manera operativa, lo que resulta un gran aporte para aplicaciones en agricultura e hidrología. Y obtener información de utilidad para el mapeo de la topografía terrestre y para la detección de desplazamientos del terreno”.

Fuente : http://diariolaportada.com.ar/